Nárrame el placer de estar contigo Jorge

person Publicado por: Aina Flores profesional de la sexología list En: Relatos eróticos En: comment Comentario: 0 favorite Golpear: 385

Vamos a disfrutar de un ratito a solas con nuestro relato. !Feliç Sant Jordi!

Nárrame el placer de estar contigo, Jorge

El librero le vuelve loca. Hace mucho tiempo que le cuesta disimular que es su debilidad.

Claudia estaba deseando bajar la persiana de la tienda para tener más intimidad. Ya a solas con él, se pasea por entre las estanterías del precioso lugar. Mientras, su librero se acomoda en el gran sillón, sujetando el libro elegido. Jorge siempre le narra sus párrafos favoritos, con esa voz profunda, grave, que hipnotiza a la chica de sueños rotos.

Claudia, al escucharlo recitar, incluso en los textos más oscuros y terroríficos, le nace sentirlo a otro nivel.

—¿Qué libro has elegido para hoy? —pregunta Claudia, asomándose por detrás de una de las estanterías.
—Literatura erótica. —Al ver la reacción de la chica, dibuja una sonrisa de lado y baja la mirada a las páginas del libro —. Esta vez será distinto, Claudia. Si tú quieres.

Han compartido la lectura de novelas policíacas, de terror, de fantasía… Pero solo eso.
No ha pasado nada entre ellos, excepto sentir mucha complicidad entre letras.
Se tienen ganas. Acumuladas, más bien. Ya son irrefrenables.
Entre ellos existe una tensión textual y sexual.

—Pensé que podría ser más ¿literal? —Jorge escapa una risa tímida —. Leo un párrafo, otro párrafo, otro y…
—¿Y? —lo apresura Claudia, intuyendo el plan.
—Puedes solo escuchar o, hacer lo que te narre. Cuando aparezca el personaje masculino, si me lo lees tú a mí, puedo reproducir la escena, ante ti.

Claudia se acomoda en el sofá, junto a Jorge.
Empieza a ser la mejor cita que hayan tenido jamás.

—Entonces… ¿Leo yo primero? —Ella asiente, expectante. Cuando mira el libro, se da cuenta que el párrafo está subrayado. Jorge ha preparado la cita. Ese libro no está a la venta —. «Amanda jugó con los primeros botones de su blusa. Se deshizo de ellos, por orden, para provocar a Michael. Ahuecó la tela, mostrándole parte de su piel tostada. Se quitó la pieza, lenta, medida. La dejó caer a sus pies mientras le mostraba, con gusto, esa parte de desnudez que deseaba el otro».

Claudia mira su ropa. Lleva esa misma blusa que la protagonista del libro. ¿Acaso Jorge estaba esperando este momento, desde hace semanas?

De repente, quiere probarse. Quiere dejarse llevar por la literatura, a otro nivel más íntimo.

Cuando Jorge abre la boca para leer el siguiente párrafo, Claudia juega con los pequeños botones.
Le pone este juego de reproducir la misma escena erótica, siendo, a la vez, ellos mismos.

Claudia se deshace del primer botón, mirándolo directamente a los ojos, que le atraen como nunca por no mostrarse tímidos esta vez.

Sigue con los siguientes botones, hasta llegar al último.

—Y la dejó caer a sus pies —parafrasea ella, quitándose la blusa y dejándola caer al suelo.

Jorge no puede esconder su deseo. Ido, incontrolable, acaba fijándose en el sujetador triangular, de encaje negro, que cubre ligeramente los pechos de Claudia. No hay tela suficiente como para cubrir lo evidente de su desnudez.

—¿Puedes leer el siguiente párrafo? —susurra, Claudia. Ella también nota los efectos; siente sus mejillas encendidas, su respiración acelerada y un cosquilleo que nace en su sexo.

—El siguiente… ¡Oh! Sí, sí. —. Jorge vuelve a las páginas del libro, aturdido por la belleza natural de la chica —. El… Sí… «Amanda, prendida, buscó el botón del pantalón de Michael. Se lo arrancó, de un solo tirón brusco de sus…». —Jorge frena su narración para mirar las manos de Claudia, que busca su pantalón, tal como marca la escena —. «Sus manos» —traga en gordo al acabar la frase.

Claudia acaba con las distancias y acerca más sus cuerpos. Cara con cara. Coge con fuerza la tela de la bragueta de Jorge y, liberando toda su pasión contenida, estira de la tela y hace saltar el botón del pantalón.

Jorge se deja llevar por su brusquedad y acaba quedando reclinado en el sofá.

El botón deja de rebotar en algún lugar de la librería cuando ambos repasan las apasionadas consecuencias del tirón.

—Esto… Jorge —vuelve a fijarse en su rostro —, ¿Michael y Amanda acaban practicando sexo?
—Sí.
—¿Cuál es el siguiente párrafo? Léelo. Ahora —pronuncia desesperada.

Jorge intenta reponerse en el sofá.
Recoloca el libro. Pasa un par de páginas.
Carraspea, buscando el tono firme.

—Dice… «Amanda se hizo hueco entre las piernas de Michael. Se arrodilló ante él, directa en las formas. Trepó por sus piernas hasta tener el control de la ropa interior de Michael y estirar de ella para dejar al descubierto su erección. Él dejó caer la cabeza hacia atrás al sentir el cálido aliento que desprendía la boca de Amanda, cerca su dureza». 

Jorge contiene la respiración al ver que la chica deja caerse sobre el suelo, de rodillas.

Claudia se impacienta por escuchar a Jorge narrando la continuación de la escena. 
Ella quiere ser esa tal «Amanda».

 

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