Lipstick

person Publicado por: Aina Flores Hidalgo,profesional de la sexología list En: Relatos eróticos En: comment Comentario: 0 favorite Golpear: 661

He querido dedicárselo a las Lipstick lesbian, que también existen y merecen un relato dedicado a su feminidad. 

Johanna repasa sus labios en el espejo del tocador. Ha elegido el rojo burdeos en tono mate. Larga duración y resistente a cualquier roce. Nada estropeará su preciosa y seductora sonrisa.

Ladea la cabeza para comprobar el eyeliner negro.
No le ha temblado el pulso. Sus ojos lucen perfectos. 
Calibra el impacto de sus voluminosas pestañas color negro intenso, en una marcada curvatura hacia arriba. Son el marco ideal para sus ojos marrón claro, casi verdes.

Johanna se pone en pie y busca el espejo de cuerpo entero, lista para acomodar su ropa.
Recoloca la blazer blanco roto, para que el body de encaje que realza su pecho, se asome entre la separación que dejan las solapas de la chaqueta.
Los pantalones blanco roto le dibujan una espectacular figura. Se recrea en mirar lo largas que le hacen las piernas estos pantalones y los zapatos altos en color beige.

—¿Tomarás vino? 
—¡Sí! ¡Gracias! —responde Johanna mientras voltea su cuerpo para mirarse de perfil.

Ama las puntas onduladas en sus cabellos largos, color chocolate. Sabe que le revolverá los mechones, se los estirará, se adueñará de ellos durante el sexo. Esa melena voluminosa es otro anzuelo que morderá al instante, en cuanto la vea aparecer por el salón.

Johanna taconea con mucho estilo y porte, hacia el encuentro. Un pie delante del otro, cual modelo de pasarela. 

En cuanto llega al salón, huele la comida italiana que Mel, chef profesional, ha cocinado para ella. La mesa está preparada a conciencia, repleta de platos con abundante comida, un jarrón de flores silvestres y, la iluminación de la lámpara de pie para un ambiente con más intimidad.

Mel está sirviendo la copa de vino rosado espumoso, fijándose en las burbujas que se aferran al cristal. 

—Buenas noches. ¿Tienes usted una mesa libre? —Johanna llama su atención usando un tono de voz seductor. 

Mel alza la vista y topa con la trabajada imagen de Johanna. Deja la botella de lambrusco encima de la mesa, lentamente, alucinada con la belleza de su novia.

Johanna se siente satisfecha con el impacto de su atuendo y, desafiante, reposa sus manos en la cintura por debajo de la blazer, mostrándole el precioso body de encaje.

Mel sigue embobada con la chica, así que Johanna busca el acercamiento.
Cara a cara, acaricia la zona rapada del cabello de Mel. Le encanta su estilo, su peinado descarado. Ama la combinación del rubio y el moreno de sus rastas.
Continúa el recorrido de sus dedos por las rastas morenas que caen hacia el lado derecho de la cara de su chica. Los pendientes de aro en las puntas la entretienen antes de volver a mirarla a los ojos, que lucen un maquillaje oscuro, negro intenso.

Johanna juega con el borde de la camiseta corta de Mel. La chica de rastas traga con dificultad y cierra los ojos unos segundos, controlando las ganas de empezar la cena por el final.

Los pantalones que viste son anchos y hacen que la cintura de Mel parezca aún más menuda de lo que es.

—Podemos brindar por... —Mel interrumpe lanzándose a por su boca, incapaz de ser paciente. 

Recibe el impacto de sus labios, con agrado. Se deja llevar por la misma intensidad que Mel le reclama. Sus lenguas danzan, se buscan con necesidad, se quitan mutuamente el aliento. 

Da pasos hacia atrás al sentir que Mel va a por ella, sin piedad. La de rastas la retiene por la espalda y la aprieta contra su cuerpo. La guía, de espaldas, hacia el sofá. Al topar con el mueble, Mel se desespera por quitarle la blazer a Johanna. Acaba por arrancársela, a pesar de arañarle la piel para conseguirlo. 

La chica de rastas detiene los besos para fijarse en el cuerpo de su novia. Sonríe de lado, altiva y, la agarra de la cintura para hacerla girar sobre sí misma. La doblega contra el respaldo del sofá para seguir con las caricias bastas. Encarrilada por las barillas del body, el recorrido la lleva a acaparar los prietos pechos de Johanna, mientras esta gime levemente al sentir esa presión de las palmas de la mano de su novia. 
Mel sigue escaladando, hasta que llega la piel desnuda de la clavícula y el cuello de su novia. Johanna deja caer la cabeza hacia atrás al recibir la presión de la mano de Mel bajo su mentón y su quijada. 

Mel entierra su nariz en la melena color chocolate y aspira el perfume que desprende la mujer a la que retiene mirando al techo. Es cuestión de química: el olor de la piel de Johanna mezclado con el olor de ese frasco tan caro.

Johanna ha escondido toques de perfume por todo su cuerpo. Alimentará la rudeza de Mel a medida que los descubra.

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