Crepúsculo sexual

person Publicado por: Aina Flores Hidalgo,profesional de la sexología En Relatos eróticos list En: Relatos eróticos En: comment Comentario: 0 favorite Golpear: 429

Un pedacito de espejo quedaba intacto frente a mí. Reflejaba mis caderas. Abrí mis piernas para...

Crepúsculo sexual (Parte I)

Fui a ese castillo feudal abandonado, aparentando curiosidad por la historia del siglo XV frente a los demás miembros del grupo de exploradores.

En cuanto pude, giré por el lado contrario de la ruta programada y me alejé de esos idiotas obsesionados con la historia. Accedí a una de las habitaciones del fondo del pasillo por el que me había encaminado sin levantar sospechas. Se trataba del lugar donde las doncellas dormían cuando el castillo aún tenía vida.

Cerré la puerta tras mis pasos, buscando intimidad. En la estancia permanecía la estructura roída de las camas, una mesita de madera afectada por la carcoma y, por el suelo pequeños objetos personales de aquellas doncellas. Acaricié cada una de las vetustas paredes, conectando de un modo especial con el paso del tiempo. Elegí una de ellas para acomodarme, aturdida por la erótica que sentía en el siniestro lugar. Sentí verdadera necesidad de liberar el deseo que me quemaba a fuego. Seguí ese instinto y colé mi mano por debajo de la camiseta, ejerciendo presión con mis largas uñas. Nunca había querido arañarme fieramente, pero me nació hacerlo por la cintura, los pechos y mi pronunciada clavícula, gozando del escozor de las pequeñas heridas tras el paso de mis uñas. Esa habitación me despertaba una impulsividad sexual única. Mis manos respondían a mi mente.

Un pedacito de espejo quedaba intacto frente a mí. Reflejaba mis caderas. Abrí mis piernas para recrearme en la visión de una postura más entregada. Colé mi mano por debajo del pantalón y el tanga y, me quedé con la humedad de mi sexo en el deslizar de mis dedos hasta mi vagina. Algo alimentaba que fuese brusca en el trato conmigo misma. Era una masturbación enloquecida por mi deseo sexual. 

Fede, el organizador de la exploración, asomó la cabeza por la obertura de la puerta. No actué de un modo distinto ante su perturbada mirada. Seguí dándome placer, fijada en ese roto del espejo y el reflejo del movimiento brusco de mi mano. 

 

Entendió que estaba llamándole a la acción. Cerró la puerta a su espalda, sigilosamente, para no levantar sospechas en el grupo de exploradores. «Sabía que era la mejor habitación del castillo. La única que permanecía intacta» recitó con voz grave y profunda, caminó hacia mí. Acortó las distancias entre nosotros, imponente con su altura. Invadió mi espacio, posicionándose entre mis piernas. Me agarró de la cara con fuerza y, moviendo mi mandíbula a su antojo, observó mi expresión de placer al seguir masturbándome sin reparo. 

«Soy alérgica a la luz del sol. De día me escondo tras las opacas cortinas de casa. Espero con ansia la oscuridad de la noche. Deambulo sola por lugares como este. Lo que a otros les atemoriza a mí me despierta un lado sexual que, acaba en lo que ves o, en sentirme hipnotizada durante horas» susurré los motivos de mi visita. Supe que su pretenciosa presentación era para traerme hacía esa habitación. Yo era la invitada. «¿Qué secreto guardas tú en este lugar?» me atreví a cuestionar su invitación. Soltó mi cara con desdén, chulesco, haciendo crujir mi cuello.

Se alejó pasos hacia atrás para mirarme de cuerpo entero y disfrutar de la imagen de la falta de piedad con mi sexo. 

«Los lugares abandonados cobijan almas buenas y almas rotas por sus cuentas pendientes. Están por todas partes, te observan y adoptan nuestras formas» parafraseé, sin apenas aliento, su discurso de presentación. Fede no respondió con palabras: coló la mano derecha por debajo de su ropa, dispuesto a saciar su misma atracción sexual por este lugar. Jugamos a ser un reflejo en el espejo, mirándonos mutuamente, dándonos placer de forma individualista, a la vez que compartiendo la misma erótica.

Mi mano empezaba a adormecerse después del acelerado ritmo de mis dedos. Mi cuerpo parecía inexplicablemente insaciable. Frené mi impulsividad y observé a Fede, lo sucio que estaba su cabello, las manchas de carbón en su mejilla, la gran rotura en su chaqueta y, sus zapatos llenos de barro del bosque. Misteriosamente, portaba consigo el abandonado lugar y, yo quería conmigo ese lugar. Giré sobre mis pies para no verlo a él, pero sí sentir que era el lugar. Me bajé el pantalón y el tanga de un solo tirón y, golpeé la pared con fuerza para reclamar su atención. Pero Fede seguía con su lado individualista, observando mi postura desde la distancia. Sabía que así impacientaba mis ganas de sexo, provocador. Dejé caer mi peso hacia adelante, separé mis piernas y empujé la pared con las palmas de las manos para alzar mis caderas ante él. «Esperabas que fuese como esas criadas. Ni mucho menos pensaste que empezaría esto sin ti. Eres tan orgulloso y egoísta como los que no quieren abandonar este mundo. Como el dueño de esas doncellas» le reproché su castigo de espera.

Crepúsculo sexual (Parte II)

Así Fede se deshizo del pantalón, caminó hacia mi posición. Mientras flexionaba sus rodillas ante mi postura, rozaba su glande en la entrada de mi vagina. Mirándolo por encima del hombro, presioné mi cuerpo contra el suyo para colarlo bruscamente dentro de mí. Mi calor y humedad recorriendo su falo hizo que escapara un incontrolable gemido de placer. Un sonido que se hizo eco en la habitación. «Me pareciste osado en el trato, humillándome delante del grupo. ¿También quieres que juzguen mi ligofilia?» reproché su falta de discreción sobre nuestra ubicación. Fede respondió con agresividad, actuando de forma dominante en la penetración y en el modo de agarrar mis caderas.

Golpeé repetidamente la palma de la mano en la pared, marcándole el ritmo que mi excitación exigía para llegar al orgasmo. Cada vez aporreaba más seguido, más seca. El sonido del choque carne con carne se hacía eco en la habitación y me enloquecía aún más de lo que lo estaba. «Me excita esto. El placer de estar en lugares siniestros, tenebrosos y escalofriantes. Ser observada por esas almas rotas. Sé que son ellas las que tiran de mi mano y de ti a mi espalda». Y fue al confesarle que sentí su explosión de placer dentro de mí. 

Y con él, llegué al clímax. Arañé la pared con todas mis fuerzas, conteniendo mis gemidos con imperioso esfuerzo. Me dejé las uñas en la superficie, levanté mi piel con el paso, me causé heridas sangrantes de apretar contra la piedra. Pero acallé mi orgasmo para no ser descubiertos.

Sentí una temperatura fría recorriendo la cara interna de mis piernas. Vi un líquido negro, denso como petróleo, regalimando hasta mi rodilla. Giré sobre mis pies para encararlo, extrañada por ello. Pero Fede no estaba allí conmigo. Miré a mi alrededor, busqué cualquier escondite posible, pero lo único que escuché fue el encaje de la puerta, sin que la madera se moviese un milímetro.

 

No volví a verlo jamás. Ninguno de los exploradores se cruzó con él después de estar conmigo. Ni siquiera sé si Fede era real o fruto de mi fantasía sexual. Juro que lo sentí de carne y hueso. 

¿Qué os ha parecido? Lola_pop es una popular escritora en el ámbito erótico. Déjale un comentario y entérate de todos sus relatos en Instagram @escritora_lola_pop

FELIZ HALLOWEEN 2021 ORGASMOS DE MIEDO

 

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